abril 2026
Marlery Sánchez

Por: Eve Martínez Viera

Mayabeque, Cuba: En el Centro Nacional de Biopreparados (Biocen), ubicado en Bejucal, la juventud no solo se forma, sino que se convierte en protagonista de tareas de alto impacto para la ciencia y la salud del país. Dos jóvenes, Dianela Hormia Rodríguez y Darian Cabrera Puerto, representan con sus trayectorias la cadena productiva que sostiene la misión de esta institución: producir y vender productos que llegan a hospitales y farmacias, garantizando la atención médica de miles de personas. 

Ambos, desde diferentes responsabilidades, muestran cómo la juventud cubana se inserta en procesos de alta tecnología y gran responsabilidad social. En ellos se refleja la continuidad de un proyecto científico que no se detiene, incluso en medio de las mayores dificultades económicas y productivas.

La fuerza de la producción: Dianela Hormia Rodríguez

Dianela, de 33 años, nació en Las Tunas y llegó a La Habana para estudiar Ingeniería Industrial en la Cujae. En noviembre de 2015, recién graduada, entró a Biocen como especialista en la planta de productos parenterales. Desde entonces, su carrera ha sido un ascenso constante: jefa de línea en el área de llenado, supervisora de buenas prácticas, especialista en validación, jefa de inspección visual y envase, hasta convertirse hace tres años en jefa de producciones parenterales. 

Su área se dedica a la producción de todos los productos parenterales de bajo volumen, con tres plantas productivas: una para líquidos, especialmente vacunas, otra para líquidos y liofilizados, y una tercera para inspección visual y envase. Allí se elaboran productos líderes de esta Empresa de Alta Tecnología como la Biomodulina T y los alérgenos.

La etapa más compleja, recuerda, fue la pandemia de la COVID-19, cuando tuvieron que garantizar la entrega de las vacunas Soberana y la mayor elaboración de la Biomodulina T. Fue un tiempo de encadenamientos productivos con varios centros del país, logrando sustituir importaciones y mantener la continuidad de la producción pues de ello dependía la salud de un país. 

Su compromiso ha sido reconocido: forma parte del Consejo de Innovación Juvenil Nacional creado por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez y recibió el Premio CITMA como Joven Tecnólogo del año 2024. Madre de un niño de seis años, comparte su tiempo entre la familia y las responsabilidades profesionales, convencida de que su proyecto de vida está ligado a Biocen y a la ciencia cubana. 

Asegura que lo que más la motiva es ver cómo cada producto que sale de la planta puede salvar vidas o mejorar la calidad de vida de miles de pacientes. “Cada frasco que producimos es un compromiso con la salud del pueblo”, afirma con orgullo. Para ella, Biocen no es solo un centro de trabajo, es un espacio donde se construye futuro.

El reto de la venta: Darian Cabrera Puerto

Darian, de 26 años, es licenciado en Economía por la Universidad de La Habana. Entró a Biocen en 2023 en el área económica, en el departamento de contabilidad, y desde febrero de 2024 asumió el desafío de ser Ejecutivo de ventas. Su labor es clave: mientras la producción avanza, él debe garantizar que los productos lleguen a farmacias y hospitales aunque no sufraga toda la demanda pues la disponibilidad de materias primas limita la capacidad de cubrir todas las necesidades. 

Es consciente de que producir es esencial, pero vender es lo que permite facturar y cerrar el mes. Por eso busca alternativas para lograr resultados pese a la escasez, renovándose constantemente en sus quehaceres. Además, como secretario del comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)en Biocen, impulsa la superación, capacitación y motivación de los jóvenes, convencido de que deben sentirse parte de un proyecto consagrado como el de esta entidad.

Cabrera Puerto explica que su mayor reto es lograr que los productos lleguen a tiempo y en la cantidad necesaria. “No basta con producir, hay que garantizar que el medicamento esté en la farmacia o en el hospital cuando el paciente lo necesita”, comenta. Su visión es clara: la venta es el puente que conecta la ciencia con la sociedad.  

Su papel como dirigente juvenil también lo convierte en un referente para sus compañeros. Promueve espacios de debate, talleres de capacitación y actividades que fortalecen el sentido de pertenencia. Para él, la juventud biocenera no solo trabaja, también sueña y se prepara para ser mejor cada día.

Producción y venta: eslabones de una misma cadena

Las historias de Dianela y Darian se enlazan en un mismo propósito: garantizar que los productos de Biocen no solo se fabriquen con calidad, sino que lleguen a quienes los necesitan. Ella asegura la continuidad tecnológica y la introducción de nuevos productos; él enfrenta el reto de colocarlos en el mercado, sorteando dificultades y buscando soluciones. 

Ambos representan la juventud que sostiene la cadena productiva de Biocen, desde la planta hasta la farmacia, desde la ciencia hasta la vida cotidiana de los pacientes. Son ejemplo de cómo los jóvenes cubanos asumen responsabilidades de alto impacto, demostrando que la innovación, la disciplina y el compromiso son claves para avanzar en un sector estratégico para el país. 

La relación entre producción y venta es inseparable. Sin la labor de Dianela y su equipo, no habría productos que ofrecer; sin el esfuerzo de Darian, no llegarían a la población. Juntos forman parte de un engranaje que mantiene viva la misión de este centro: aportar a la salud y al bienestar de la nación.

Juventud que apuesta por la ciencia

En esta Empresa de Alta Tecnología, la juventud no es solo relevo, es presente. Dianela y Darian muestran que el futuro de la ciencia y la producción nacional se construye con esfuerzo, creatividad y entrega. Sus historias de vida son testimonio de que, en medio de desafíos, la juventud cubana sigue apostando por la ciencia, por la salud y por el desarrollo del país. 

Ellos son parte de una generación que no se detiene ante las dificultades, que busca soluciones y que entiende que cada tarea, por pequeña que parezca, tiene un impacto enorme en la vida de las personas. En sus manos está la continuidad de un proyecto científico que ha demostrado ser vital para Cuba. 

El Centro Nacional de Biopreparados es hoy un espacio donde la juventud se convierte en protagonista de la innovación y la resistencia. Dianela y Darian son prueba de que producir y vender son dos caras de una misma moneda, y que la juventud cubana está lista para seguir construyendo futuro desde la ciencia.